http://www.posadadeorquideas.com.ar/
¿Querría de casualidad tu mamá/abuela/tía orquídeas? Es la empresa que está empezando la esposa de mi viejo, y si compran diciendo que conocieron este lugar gracias a Lucía me dan comisión jajaja No sólo vende orquídeas sino también hace trabajo de paisajismo, fuentes y cascadas, etc.
preguntale por las dudas o decile que comente con sus amigas siempre diciendo gracias a Lucía!
lunes 25 de mayo de 2009
domingo 19 de abril de 2009
Mandarina aperejilada
Sí, es.
¿sorprendente?
Sólo porque nunca quisiste creerme.
¿agobiante?
Mayor, la soberbia.
¿y los gritos de los pájaros?
Desconocidos.
¿y los cantos de los gigantes?
F u l m i n a n t e s.
¿y la mirada que perdiste?
Nunca otra vez.
¿perdón?
No, siempre.
¿menos, mucho menos?
Gracias, no me salvaste.
¿y los labios danzantes del final?
Acechando.
¿y los susurros de las estrellas?
Imposibles, como que sí, es.
¿sorprendente?
Sólo porque nunca quisiste creerme.
¿agobiante?
Mayor, la soberbia.
¿y los gritos de los pájaros?
Desconocidos.
¿y los cantos de los gigantes?
F u l m i n a n t e s.
¿y la mirada que perdiste?
Nunca otra vez.
¿perdón?
No, siempre.
¿menos, mucho menos?
Gracias, no me salvaste.
¿y los labios danzantes del final?
Acechando.
¿y los susurros de las estrellas?
Imposibles, como que sí, es.
jueves 22 de febrero de 2007
Imágenes del color de un simple después
Para algunos, la tristeza está en los regazos. Para otros, vivaces colores alegran al frío. Para mi, son tus ojos solos contemplando a la muerte caer.
Paso a paso el piso se mueve bajo mi nariz, bajo mis labios que gritan y se parten por sequedad. Piedra húmeda, madera dolorida y suspiros blancos reclamando destino. Tu observar vaga sin hablar. Tu sordera quebradiza, cada vez mayor. Y las grietas entre rotura y esquina siguen retrocediendo. El amargo viento, relamiéndome la cabeza enredada, susurra compasión. Piedad de su avaricia por tocar. Piedad por acariciar la mirada mustia y entrecaída en el olvido. Y el suelo se detiene cuando un banco se atraviesa en el sendero...
Oscuridad al mediodía de tus párpados. Tus mejillas te advierten de mi estar. Voy y vuelvo; voy y vuelvo... o quizás, sólo quizás, el piso no decide si querer o aborrecer. Termino abajo, como tus aguadas pupilas. ¿Y ahora qué? El qué no es el error de mi maldad. Un nombre ahogado en el silencio. Tus ojos encontraron una maldita solución. Sólo incoherencias del amor (aunque sepa que este preguntar nunca tuvo coherencia). Nada padece como un normal "hasta luego". Nada padece como un normal "adiós".
De repente, terremoto. El asiento se alejó rápido y los colores comenzaron nuevamente a deformar. Azul, gris, tus pestañas cristalinas, marrón, negro, la fricción con la soledad. No más atardeceres para mi (mi mirada se está cayendo). No más otoños para recordar (mi mirada se está derrumbando)...
Paso a paso el piso se mueve bajo mi nariz, bajo mis labios que gritan y se parten por sequedad. Piedra húmeda, madera dolorida y suspiros blancos reclamando destino. Tu observar vaga sin hablar. Tu sordera quebradiza, cada vez mayor. Y las grietas entre rotura y esquina siguen retrocediendo. El amargo viento, relamiéndome la cabeza enredada, susurra compasión. Piedad de su avaricia por tocar. Piedad por acariciar la mirada mustia y entrecaída en el olvido. Y el suelo se detiene cuando un banco se atraviesa en el sendero...
Oscuridad al mediodía de tus párpados. Tus mejillas te advierten de mi estar. Voy y vuelvo; voy y vuelvo... o quizás, sólo quizás, el piso no decide si querer o aborrecer. Termino abajo, como tus aguadas pupilas. ¿Y ahora qué? El qué no es el error de mi maldad. Un nombre ahogado en el silencio. Tus ojos encontraron una maldita solución. Sólo incoherencias del amor (aunque sepa que este preguntar nunca tuvo coherencia). Nada padece como un normal "hasta luego". Nada padece como un normal "adiós".
De repente, terremoto. El asiento se alejó rápido y los colores comenzaron nuevamente a deformar. Azul, gris, tus pestañas cristalinas, marrón, negro, la fricción con la soledad. No más atardeceres para mi (mi mirada se está cayendo). No más otoños para recordar (mi mirada se está derrumbando)...
jueves 15 de febrero de 2007
Creado el 18 de septiembre de un sedentario 2006
Un tal día con el mismo sol que ayer, no recuerdo bien la fecha (pero dicen que es normal no fichar datos insignificantes debajo de nuestro cráneo) el profesor más retorcido de la historia del colegio más añorado de mi adolescencia nos indicó un trabajo muy fácil, para leerlo en voz alta al final de la clase. Como el viento permitía concentrarnos, fuimos al blanco escenario situado bajo un árbol de primavera para permitir que tal sombra nos sirva de musa.
-Texto argumentativo, dos puntos -dictaba- Introducción, hipótesis, conclusión. Tópicos: tiempo libre y consumo, moda y economía, escuela y verdad, adolescencia y melancolía, infancia y padres ausentes. Si quieren pueden mezclarlos entre sí o utilizar sólo uno de ellos, o también elegir el tema que más les interese. Pueden usar retórica. No más que una carilla.
Luego de repensarlo, elegí lo que más me interesaba recapitular. Tal vez...
Luego de 45 minutos, más o menos, escuché un temido "Garré, al frente".
"Cuando recordás tu infancia, palabras tales como pasado, inocencia, sencillez y hasta ignorancia cruzan por las mentes. ¿Pero cuánto fue pisado si todo lo pasado repercute en el presente?
La mayoría de las personas quieren que sus hijos no sufran en su etapa de formación, especialmente en el período en que los chicos son (o los adultos creen que son) más vulnerables a los factores externos. Para eso, los padres ignorantes tratan de llenar vidas con objetos que cada vez crean más huecos, que generan fetichismo o desesperanza por ser hijo. También se podría decir que esto no siempre pasa, pero que pueden estar ausentes aún tomándote de la mano. Podés ver la ausencia en sus ojos, en sus drogas, en sus palabras, en sus agresiones, en sus golpes. Podés ver la ausencia de ganas de quererte, la ausencia de ganas de cambiar lo que te hiere, lo que te lastima. Pensar que ya va a pasar, y vas creciendo, y tu cruda mente se estira, escuchar "No sos nada" mientras soplás las quince velitas, creer que un vestido te puede salvar de su crueldad, sonreír y que tus oídos griten "¡Creé que no me duele!", soñar con su ira y enfermedad. Ves pasar por tu hombro que las que vivieron rosa son mejores que vos, y no podés hacer nada porque estás acostumbrada al caos y paranoia inculcada por esa pieza de carne cocida en su propio veneno.
Si esto no es melancolía en la adolescencia, entonces... ¿qué es?"
Aplausos, la clase continúa, uno a uno van pasando al medio de la ronda hexagonal del escenario hasta que estas palabras se hundieron en el olvido.
-Texto argumentativo, dos puntos -dictaba- Introducción, hipótesis, conclusión. Tópicos: tiempo libre y consumo, moda y economía, escuela y verdad, adolescencia y melancolía, infancia y padres ausentes. Si quieren pueden mezclarlos entre sí o utilizar sólo uno de ellos, o también elegir el tema que más les interese. Pueden usar retórica. No más que una carilla.
Luego de repensarlo, elegí lo que más me interesaba recapitular. Tal vez...
Luego de 45 minutos, más o menos, escuché un temido "Garré, al frente".
"Cuando recordás tu infancia, palabras tales como pasado, inocencia, sencillez y hasta ignorancia cruzan por las mentes. ¿Pero cuánto fue pisado si todo lo pasado repercute en el presente?
La mayoría de las personas quieren que sus hijos no sufran en su etapa de formación, especialmente en el período en que los chicos son (o los adultos creen que son) más vulnerables a los factores externos. Para eso, los padres ignorantes tratan de llenar vidas con objetos que cada vez crean más huecos, que generan fetichismo o desesperanza por ser hijo. También se podría decir que esto no siempre pasa, pero que pueden estar ausentes aún tomándote de la mano. Podés ver la ausencia en sus ojos, en sus drogas, en sus palabras, en sus agresiones, en sus golpes. Podés ver la ausencia de ganas de quererte, la ausencia de ganas de cambiar lo que te hiere, lo que te lastima. Pensar que ya va a pasar, y vas creciendo, y tu cruda mente se estira, escuchar "No sos nada" mientras soplás las quince velitas, creer que un vestido te puede salvar de su crueldad, sonreír y que tus oídos griten "¡Creé que no me duele!", soñar con su ira y enfermedad. Ves pasar por tu hombro que las que vivieron rosa son mejores que vos, y no podés hacer nada porque estás acostumbrada al caos y paranoia inculcada por esa pieza de carne cocida en su propio veneno.
Si esto no es melancolía en la adolescencia, entonces... ¿qué es?"
Aplausos, la clase continúa, uno a uno van pasando al medio de la ronda hexagonal del escenario hasta que estas palabras se hundieron en el olvido.
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